Mi mamá hoy me regaló un aro de compromiso. Es como una concha de almeja, realmente fea, con una S escrita sobre ella. La tiré al suelo y la rompí e, indignada, me fui al alto las condes a juntarme con un amigo para desahogarme, mientras bebíamos un batido de frutas. En eso llegó mi mamá a disculparse, diciendo que yo tenía razón, que no correspondía darme ese aro de compromiso siendo que no estaba comprometida con nadie. Para que la perdonara me propuso ir a la nieve con ella, mi papá y mi hermana. Accedí de buena gana, si es que estaba despejado se verían preciosas las estrellas.
Para llegar a la nieve teníamos que llegar caminando hasta av. Vitacura, llegar a la tienda de aviones y desde adentro abrir la puerta del otro lado, y ahí llegábamos. Luego simplemente restaba escalar un poco, pero no era difícil porque la nieve estaba bastante dura.
Llegamos arriba de noche, que apareció de pronto y muy rápido, pero estaba nublado. Quise jugar un rato, y habían varias obras de títeres a las que yo quería ir. Así que me acerqué a una de las cabañas y entré por la puerta, que para que no entrara el frío era de unos 50 x 20 cm, pegada al techo, horizontal.
Cuando terminó la función nos informaron que habría otra un rato después, así que fui a las reposeras de la piscina que estaba fuera de nuestra cabaña. Se despejó y las estrellas se veían hermosas, brillantes y esponjosas, pero eran pocas. Empezaron a llegar otra vez las nubes y la siguiente función iba a empezar, así que me puse de pie y, con Angelo y la Pau, fuimos a la siguiente cabaña.
Me detuve cuando vi una nube gris, muy muy cerca de mí. Sin siquiera estirar por completo el brazo podría tocarla. Se veía tan esponjosa, que quise un pedacito.
-Angelo, qué pasa si la toco?
-Nada... mira, hazlo
Así que la toqué, y era pegajosa, como algodón de azúcar. Pero enseguida me dolió mi mano, horriblemente, como si millones y millones de pequeños tubitos empezaran a succionar con mucha fuerza mi piel. Con fuerza y lágrimas en los ojos logré sacar mi mano de la nube. Dolía, dolía horriblemente, y envolví mi dedo con mi otra mano. El dolor se fue rápido, pero también enfrió mucho mi piel, así que seguí caminando así.
Cuando llegamos a la cabaña vi mi dedo y estaba muy rojo, hinchado, como si tuviera una celulitis muy avanzada, pero no estaba entumecido, sino que parecía inflado con aire.
En eso empieza la función, y para mi vergüenza había olvidado poner mi celular en silencio, y me llega un mensaje.
Es de Dio. Qué raro, hace tiempo que no hablaba con él...
"Stef!! Aviso que sí voy al cumple de la Alexia, para que le digas... Nos vemos!!!"
Ahí fue cuando desperté.
El refugio que aún respira en el recuerdo
Hace 1 día
